“El sueño, un alimento necesario”

Posted on Jul 24, 2020


Escrito por Isora Cabrera, directora de La Metáfora, Centro de Psicología y Desarrollo Infantil.


Cuando los adultos no consiguen descansar bien o no duermen lo suficiente, saben que al día siguiente su rendimiento será menor, que caerán en continuos despistes o, incluso, padecerán dolores de cabeza. Pero, el simple hecho de ser conscientes de ello y conocer los posibles remedios inmediatos como una simple siesta, o ampliar las horas de sueño a la noche siguiente, les proporciona herramientas de control que sirven tanto para elevar, en la medida de lo posible, el estado de ánimo, su tolerancia al dolor, así como su capacidad de rendimiento.En cambio, cuando una niña o un niño no duerme lo necesario, no solo acusa el cansancio, está más disperso o le cuesta seguir el ritmo del día, sino que, además, se encuentra mucho más sensible y su carácter se puede ver seriamente alterado por esa falta de sueño. Se tornan intolerantes, tienen las clásicas pataletas y, en general, se muestran irritados. Nuestras y nuestros peques necesitan el descanso nocturno, como un alimento básico, para que, durante el mismo, el cerebro se regenere. Necesitan que su reloj biológico se encuentre lo más equilibrado posible. Por tanto, es conveniente, controlar sus horas de descanso. De este modo, podremos evitar estados de mal humor, gritos, llantos, desmotivación o desánimo. Y, por otra parte, es importante tratar de hacerlos conscientes de su cansancio y que lo verbalicen facilitando, así, el entendimiento de sus propias acciones o de su estado de ánimo.Sabemos que, como media, lo bebés deben descansar unas 14 horas al día. En torno a los 5 o 6 años deben tener unas 10 horas diarias de descanso y que, acercándonos a la adolescencia, dicha media va disminuyendo. Pero, sobre todo, debemos entender que esto debe aplicarse en función del niño o la niña que tengamos delante y que, así como cada estomago necesita y digiere cantidades concretas de alimentos, cada cerebro necesita su dosis de sueño. A veces, lo más elemental, resulta ser lo último a lo que prestamos atención.